Ausencias domesticadas

Hay días que echo tanto de menos a mi madre que me falta el aire. A pesar de que hace ya algunos años de su muerte, pensar en ella me sigue encogiendo el corazón.
Nunca creí que la echaría tanto de menos, quizás porque nunca fui tan valiente como para imaginarme la vida sin ella, la ciudad sin ella, el mundo sin ella.
Esta nostalgia es la misma que ella me describía al hablar de su madre, cuando ya habíamos perdido a la abuela Paulina. «Angelines», me decía, «a veces parece que estoy hablando con ella».
A mí a veces me ocurre algo similar. De repente me digo: «Tengo que llamar a mamá». Como si el deseo se abriera paso a la realidad en el fondo de mi cerebro, casi como dicen que les ocurre a las personas amputadas, que siguen quejándose de un dolor en el miembro que ya no tienen.
Nosotros los que estamos en la meseta de la vida, en la parte de la velocidad de crucero, la que viene después del crecimiento y antes del decrecimiento (término, por cierto, que describe una teoría que merece tener en cuenta) estamos expuestos a estas pérdidas porque la vida es así.
Pero el saberlo inevitable no rellena el hueco de la ausencia, sólo la domestica.
(Borré por error un comentario que creo que firmaba Alicia. Si lo escribes de nuevo , intentaré no ser tan torpe)

11 Comentarios

  1. Ana Elisa
    | Responder

    Querida Angelines:
    El sentimiento que provoca la muerte de una madre debe ser terrible.. te mando un poema por bonito y por real .. espero que te guste . un bs muy grande
    Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
    cantando;
    y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
    y con su pozo blanco.
    Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
    y tocarán, como esta tarde están tocando,
    las campanas del campanario.
    Se morirán aquellos que me amaron;
    y el pueblo se hará nuevo cada año;
    y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
    mi espíritu errará, nostálgico…
    Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
    verde, sin pozo blanco,
    sin cielo azul y plácido…
    Y se quedarán los pájaros cantando.
    Juán Ramón Jiménez

  2. ELIA
    | Responder

    Que bonito , Angeles ………como me gusta.
    Dicen que el alma no duele , Dios mio , duele muchisimo,y «que para siempre» es la muerte, es terrible y altamente dolorosa para los que nos quedamos sin su presencia y los echamos tanto de menos.

  3. Sergio Naranjo
    | Responder

    Puede que la ausencia se «domestique», pero es verdad, nunca se «explica», no se puede, imposible añadir respuestas a esas preguntas.
    En cuanto al poema aportado por Ana Elisa, antológico. Nos hace mucha falta Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, que lamentan las penas que les han tocado, y quizá sobrarían otros, que buscan penas ajenas que lamentar y que no lamentan.
    Un beso.

  4. Gracias Anita por tan bonito regalo.

  5. Tú sí que sabes de esto Elia.

  6. Saludos Sergio. No entiendo muy bien lo que quieres decir al final.

  7. Sergio Naranjo
    | Responder

    Perdón por el lío.
    No me gustan los poetas que resultan de obligada lectura sólo porque eran comunistas (por ejemplo) o defendieron causas que no son las mías, o le caen simpáticos a ideas políticas disfrazadas de libertad y son verdaderas cadenas para el ser humano.
    Me encantan los poetas intimistas, aquellos que llegan al puro sentimiento humano y te hacen ver reflejada en sus versos.
    Y alabo el nivel de tus amigas, como Ana, que sí ha tenido la sensibilidad de poner un texto adecuado.
    (No sé si me habré asplicao… )
    Saludines.

  8. Ya te entiendo. Saludos.

  9. Cira
    | Responder

    Querida Angeles, me has hecho llorar. Mi madre hace ya tres años que está pero no está, tu ya me entiendes. Y al igual que tu nunca pensé, sobre todo si recuerdo nuestras peleas en plena adolescencia, que la echaría tantísimo de menos. Y se me olvida y me digo que tengo que llamarla para contarle la última de alguno de sus nietos o para preguntarle una receta que yo soy muy despistada y ella la borda… y así una y otra vez. A veces me consuela, y fijate lo que te digo, en ver en mí un gesto suyo.Gracias

  10. Cira, me pasa lo mismo que a ti, también tengo ese pequeño consuelo de vez en cuando. Y gracias a ti.

  11. antonieta patateta
    | Responder

    es lo más bonito que he leido en mi vida. A mi me pasa lo mismo aunque no se exprearlo tan bien. un abrazo

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