Como si me arrancaran un riñón

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Querida Loli esto es entre tú y yo, aunque, perdóname, hoy, para variar, quiero que todo el mundo lo sepa. Que se sepa que te has ido y que yo te añoro. 

He calculado que lo nuestro debió empezar en el 76 o en el 77, un año o dos después de la muerte de Franco. O sea, unos cuarenta y pico.

Mira que hemos pasado cosas juntas( y separadas, aunque tú y yo nunca estuvimos muy lejos). Aquella casa de Vegueta llena de gente, tu padre, Rafael, con su colección de ópera; tu madre, Lolita, por la cocina, qué requeteguapa y cariñosa; Feluco, en el piso de abajo con su guitarra y sus discos; Domingo, tal vez pensando ya en pintar, y  Fernando, hoy el puntal de la familia y entonces un niño que llevas al cole. Pobre, qué achuchones le dabas en la puerta de los jesuitas.

En aquella casa de Vegueta también estaba la abuela, una abuela clásica, de las de punto de barbilla y gesto amoroso. Y, sobre todo, el arte, la literatura, la música, música de todas las clases y de todos los tiempos, folklore, Fleetwood Mac, Verdi, habaneras … y yo con mis orejas, una enfrente de otra, como solías decir con total conocimiento de causa.

Inteligente, sensible, culta, generosa hasta el desborde, compasiva y compañera, colega.  Tanto amor tenías, que lo dabas, lo regalabas, lo volvías a dar y aún quedaba. Esa alegría que echabas por delante, que te precedía como un heraldo, que era como una cosa tuya y solo tuya, como quien es rubio, moreno o calvo. Y esas conversaciones, la literatura, el cine, el amor y los amores, tus cosas y las mías. Los suecos, ¿te acuerdas de los suecos? Un flirt a los 17. Jajá. 

Loli y Manuel, a final de los 90.

Entre el uniforme de los cuatro botones de las dominicas de la última mitad de los 70 y esta tarde triste de 2022 en la que conduzco hacia tu casa sabiendo que tú ya no estás  -aunque estés arriba, como pediste-,  hay un océano pero hoy me parece una gota. 

En esa gota tienen que caber tus estudios de Derecho, tu magnífica carrera profesional como experta en fiscal y mercantil; tu compromiso con Adepsi y la discapacidad; tu mundo espiritual, que sé que es importante. Tus hermanos y tus padres, a los que cuidaste y quisiste como pocos hacen, tus amigas y tus amigos, que también llevaban mucho cariño. Y tus tres amores: tu medio tú, Juan Carlos, el hombre que te hizo tan feliz, y Julia y Manuel, tus hijos maravillosos, con los que paso esta primera tarde sin ti hablando de ti. 

Que tristes pero que bien aquí en tu casa, como decidiste, como si esta tarde en el jardín fuera un último cariño tuyo en este vacío. 

Julia, Manuel, Tere, Andrea y yo nos contamos tus batallas y nos partimos de risa, es que eras muy divertida, jodida. Después seguí con tu Marta y con Isa y, cómo no, con Miguel. Vino Carmen.

Desde que supe que ya había pasado lo que sabíamos que iba a pasar, que tú, mi amiga, habías muerto, no levanto cabeza. Voy aquí, trabajo, voy allá, regreso, y vuelvo, salgo con Kobe, -que siempre tiene que ladrar en la escalera-, y entre una cosa y otra, querida, pienso en ti, en que ya no te tengo para entenderme, me emociono y me entra la congoja. 

La abogada Lola Rodríguez Montesdeoca falleció en la madrugada de este jueves, 10 de febrero de 2022, en Las Palmas de Gran Canaria.

5 Comentarios

  1. Miguel Ángel. Santana Cruz
    | Responder

    Un beso

    • Ángeles Arencibia
      | Responder

      Otro

  2. Bernardo Gayá Miquel
    | Responder

    Se que es entre tu y Loli, pero como relatas tanto que uno vivió y sintió, me entrometo sin pedir la vez, tan solo permiso que espero me concedas.
    Más de cuarenta años con esta cercanía vital con nuestra estimada Loli, dan para conocer, sentir y por fuerza quererla.
    La conocí recién nacido Manu, me la presentó su amiga del alma, Marta, luego mi esposa y madre de nuestro hijo Berny, en cuyo nacimiento en el H. M-Infantil, estuvo Loli sin moverse, de principio a fin.
    Recuerdo bien aquella madrugada del 15 de septiembre de 2.000, el acompañamiento sereno, generoso y feliz de Loli, así como cuando la obstetra con el niño ya en brazos sobre la emocionada Marta, me ofrece un pliegue del cordón umbilical y unas tijeras, de forma espontánea me salió: «¡Jamás haré nada que separe a nuestro hijo de su madre!».
    Por suerte una muy feliz y dichosa Loli dijo al instante: «¡Este privilegio es mío, yo corto y doy la autonomía al niño!».
    Sí, era como tu dices, nuestra siempre estimada Loli.
    Saludos y un abrazo fraternal.

    • Ángeles Arencibia
      | Responder

      Así era ella. La puedo imaginar.

  3. Bernardo Gayá Miquel
    | Responder

    Se hará difícil sobrellevar su ausencia porque con su serenidad, generosidad y alegría, llenaba los recovecos de nuestras vidas.
    Ante una dificultad sobrevenida, acudía siempre antes de ser requerida.
    Aconsejaba en lo suyo, fiscal y mercantil, en términos siempre comprensibles, porque lo suyo era ayudar, evitando enrevesar.
    Últimamente nos veíamos poco, y siendo por mi culpa, en lugar de reprochar, como hicieron muchos otros sin mala fe, ella me hacía ver y decía que nuestra mutua estimación y cariño, estaba muy por encima de los tiempos, siempre anclada y compartida.
    Cómo no pensar en ella cada día.

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