El facebook epistolar del exilio

Dos historiadoras reconstruyen las redes de amistad y de cuidados que tejieron mediante cartas las mujeres del éxodo republicano

 

Carmen de la Guardia (izquierda) y Elena Sánchez de Madariaga, en la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria. Octubre de 2019.

Profesionales e intelectuales republicanas tejieron en el exilio redes de amistad y cooperación a través de una intensa correspondencia que viajó entre continentes y en la que dejaron escrita parte de sus vidas.  Dos historiadoras que han hecho de esta fascinante fuente documental su materia de investigación participaron en el seminario El nuevo paradigma: hacia una ética del cuidado (Redes, alianzas, empatía), dirigido por la catedrática de Literatura Alicia Llarena en la Casa de Colón a principios de octubre. En este reportaje ambas investigadoras hablan de sus trabajos y de la relación entre la correspondencia y los cuidados.



“Si hiciéramos Historia solo con las noticias de los periódicos, se nos escaparían muchas cosas”, observa Elena Sánchez de Madariaga,  profesora en la Universidad Rey Juan Carlos. A esta evidencia, la sobrina nieta de Salvador de Madariaga (intelectual, ministro de la 2ª República) contrapone la riqueza de la correspondencia -las cartas- como “herramienta para conocer la vida privada de mujeres invisibles”.

Carta de Asita de Madariaga a su hermano César, año 1939 o 1940.

Sánchez de Madariaga y su colega Carmen de la Guardia, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, descubren una suerte de ‘facebook’ primitivo y analógico, hecho con cuartillas, sobres, tinta y sellos de correos, por el que desfilan los sentimientos, las emociones, los recuerdos, los deseos y las necesidades de mujeres como la abogada Victoria Kent, la periodista y traductora de Stendhal Consuelo Bergés,  la química y más tarde profesora de español en Nueva York Pilar de Madariaga, la medievalista Justina Ruiz de Conde o la escritora Carmen Conde, entre otros nombres no tan conocidos. 



De la Guardia, que lleva años leyendo y recopilando en diferentes archivos cartas de las mujeres del exilio -exterior e interior, el de las que se quedaron en España- , publicó en 2015  Victoria Kent y Louise Crane en Nueva York. Un exilio compartido (Silex). La historia de Kent y de la intelectual neoyorquina, pareja durante 37 años,  se reconstruye a través de su archivo personal conservado en la Universidad de Yale. (Ahora prepara un nuevo volumen sobre las maestras republicanas en México, EEUU y República Dominicana.) 

“A las dos, a Elena y a mí, nos interesa el exilio de las mujeres y lo estudiamos a través de las cartas, en este seminario de la Casa de Colón nos pidieron hablar desde la perspectiva de los cuidados”, observa De La Guardia. Y agrega: “En las cartas se transmiten cariño y afecto, también mandan dinero y cheques para el pago de un hospital, por ejemplo; las cartas son cuidados en el sentido afectivo y material”.

 

Se trata de redes informales de amistad que duran hasta la vejez de sus protagonistas. “Son amigas de toda la vida que se conocen en los años 20 y 30, y continúan tras la ruptura que supuso la guerra y la dictadura; muchas nunca regresaron del exilio”. 

 

En su mayoría son intelectuales,  conocidas como las citadas o no tanto. Son mujeres independientes económicamente, profesoras, editoras, “una grupo enorme que se escribe cientos de cartas”, afirma Carmen de la Guardia que aprovechó su estancia en Gran Canaria para “vaciar” el fondo Mercedes Gaibrois  -la primera mujer en ocupar un sillón en la Real Academia de la Historia– en el archivo de la Casa de Colón  y el de Josefina de la Torre, depositado en la Casa Museo Pérez Galdós.

 

Elena Sánchez de Madariaga comenzó su investigación por razones familiares y personales que terminaron mezclándose con las historiográficas. Su trabajo parte del archivo personal de su tía abuela Pilar de Madariaga (Madrid 1903-1995), a quien la guerra truncó una carrera científica como química y el exilio en Nueva York convirtió en directora del Departamento de Estudios Hispánicos del prestigioso Vassar College. En el archivo personal de Pilar no están las cartas que ella escribió, pero sí todas las que recibió.

 

“Las cartas me permiten reconstruir las redes de solidaridad que se crean en la guerra y el exilio en el marco de una familia que se dispersa por el mundo. También las redes de amistad que perviven tras el trauma enorme que supuso la ruptura de la guerra y el franquismo”.

 

Mediante la correspondencia logran “volver a ayudarse” y tiene además “una función terapéutica, de apoyo psicológico”, observa Madariaga. “El hecho de poder comunicarse les ayuda a sobrevivir durante la guerra y la inmediata posguerra”. 

 

Hablamos en palabras de  Carmen de La Guardia de “un ámbito femenino y feminista formado por una red de entre 40 y 50 mujeres que viven en Estados Unidos, Latinoamérica y España”.



A menudo el nodo de conexión es una mujer mayor. Ella es la que recibe y reparte noticias entre familia y amistades. Hay veces en las que incluso copia párrafos de una carta que recibe en otra que envía, lo que traducido al lenguaje de las actuales y virtuales redes sociales sería los mismo que compartir un post. Aunque hasta aquí llega el parecido, precisa la profesora Sánchez de Madariaga. 

Carta de Victoria Kent a Gabriela Mistra, segunda parte.

“Facebook es muy público, aquí son cartas confidenciales, privadas e íntimas, aunque se sabía que se podían leer en familia. Escribir te reconstruye identitariamente en un momento de trauma”, agrega. “Porque el primer destinatario de la carta es una misma”, aporta De la Guardia.

 

A veces las cartas se adaptan al destinatario, una característica que es evidente en la correspondencia de Victoria Kent. Las cartas son cosa de dos, hasta el punto de que personas ajenas tal vez no sean capaces de desentrañar el mensaje. 

También hay secretos. De la Guardia pone el ejemplo de la medievalista Justina Ruiz de Conde (Madrid, 1909 – Martha’s Vineyard, EEUU, 2000), quien no haría mención a su pasado político salvo cuando escribía a sus amigos y amigas de la etapa republicana, para los demás la época en el PSUC no existió.

(Publicado originalmente en el suplemento Cultura del periódico de La Provincia)

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