Cuando éramos inmortales

Uno se da cuenta del paso del tiempo por los zapatazos que te da la vida. Y no digo zapatazos por Zapatero, que es importante pero no tanto. Me refiero a esos golpes que te ponen de pie, con la energía de una ola en marea alta.
Uno no se hace viejo de un día para otro, pero sí se nota de un momento a otro. Te das cuenta gracias a situaciones tontas como tocar al telefonillo de tu casa y oír que una de tus hijas le dice a la otra: ‘es mamá’, y, al subir las escaleras, caer de pronto en la cuenta de que esa mamá eres tu y de que hace ya mucho tiempo que dejaste de ser la hija.
También te enteras de un zarpazo, que es una palabra que se parece mucho a zapatazo, pero que duele muchísimo más. Y es entonces cuando los viejos amigos que hace no tanto se creían inmortales, se reunen para comprobar que la vida va en serio.
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(El fotógrafo de Canarias7 Juan Carlos Alonso hizo esta fotografía en la playa de Las Canteras en 2006, en unas mareas del Pino. Algo así debe ser la inmortalidad)

4 Comentarios

  1. Juan Rey
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    A mis 24 años, aunque muchos me critiquen por decirlo, creo empezar a saber a lo que te refieres. No tanto por mí, porque me vea más viejo, porque sea consciente de mis últimos cambios físicos y la manera de tratarme de la gente de mi alrededor, sino por la percepción de la gente con la que convivo día a día. Cómo van creciendo, envejeciento, los jóvenes se hacen adultos, los adultos ancianos y los ancianos se van. Te das cuenta de que esa persona que ibas a ser, la que iba a ir en piloto automático no existe, ya eres tú, y de piloto automático nanai. Que si pensabas que ibas a ser brillante o un buenazo, un líder o lo que fuere, tienes que serlo tú. Se acabó la comodidad, el dejarlo pasar el dormirse en los laureles. A mi edad echo de menos ser niño, como supongo que tú y todos los demás. Da miedo pensar que a lo mejor tu vida no va a ser ni remotamente parecida a como la imaginabas. Pánico. Al menos a mí me lo da.

  2. Loreto
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    Angeles, me has tocado la fibra sensible por partida doble. Cuando el tiempo y la autoridad lo permiten, me escapo un rato a leer a la sombra de los tilos en el jardín botánico, y sólo hace tres días estuve disfrutando una vez más con Gil de Biedma y esa dosis de realidad poética que citas de refilón: «Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde…»
    Y si la inmortalidad pudiera plasmarse en un instante, para mí no sería cosa que la algarabía de unos chiquillos saltando al mar desde una roca, recortados sobre el azul intenso y salpicados de gotas cristalinas.
    «..Y allí estábamos todos ladrando de alegría, la vida chorreándonos, el sol como un tigre…» (Luis Feria)
    Así que hoy voy a ser inmortal por un rato y, en un hermoso día de primavera cuajado de vencejos, a falta de mar me sentaré a leer el periódico a una terracita de Malasaña con una cerveza fresca…

  3. Loreto y Juan, ustedes hacen que lo mejor de este blog sean los comentarios.

  4. ANTONIETA PATATETA
    | Responder

    m en encanta el comentario de la foto, estoy de acuerdo, debe de ser algo así

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