La noche del sábado me di una vuelta por la cabalgata del carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. No llegué a verla entera porque fue larguísima. Ochenta y tantas carrozas y lo que va en medio, que para mí es lo mejor. Me refiero a los que somos de a pie. Como esta señora de rosa sin afeitar de aquí abajo.
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Ya se sabe que el Carnaval lo mantienen los que se lo curran durante el año. Los miembros de las comparsas, afilarmónicas y murgas, los diseñadores de los trajes de las reinas, los drags y los grupos de amigos que preparan durante meses, con paciencia y afición, los disfraces o la carroza, en el caso de los más pudientes.
Después estamos todos los demás, los que nos disfrazamos con lo que nos prestan o con lo que recopilamos a última hora. Una peluca de aquí, un pompón por allá, una lentejuela que sobró de aquel año, a ese blusón si le cortas una manga…
Unos (llamémosles profesionales) y otros (los amateur) son complementarios e imprescindibles. Constituyen un ejemplo de simbiosis y representan distintos grados de evolución desde el ‘me pongo un sombrero y me pinto una ceja’ hasta llegar al drag, figura elaboradísima, definitiva y singular del carnaval canarión.
Todo esto -el vestuario, la lentejuela, el refajo- sería el medio para facilitar el objetivo que es pasarlo en grande. Olvidarnos de la enfermedad, las deudas, los exámenes, el paro … y salir a la calle a reirnos, mayormente. También a maravillarnos con el ingenio de algunos, que salen disfrazados de la Mona Lisa o de I-pod y resulta que van muy bien. Pero sobre todo salimos a festejar la alegría de estar vivos, aunque muchos no nos demos ni cuenta.
(Aquí abajo te pego una foto que me hice con una mascarita divertidísima).
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Esa señora sin afeitar
Publicado en: actualidad
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elia
………pero , si tiene un barco en la cabeza ¡¡¡es genial!!!.Siempre me encantaron los disfraces lo encuentro divertidisimo.