Berlanguiano

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«Un guión, unas memorias o un mensaje demoledor a la Humanidad». Éste podía ser el contenido del paquete que Luis García Berlanga depósitó esta mañana en la caja de seguridad 1.034 de la cámara acorazada que hay en el sótano de la sede madrileña del Instituto Cervantes. La apuesta sobre lo que podría contener el sobre amarillo es de Jorge Berlanga, hijo del director de «La escopeta nacional», según leo esta noche en la web del instituto.


berlanga.jpgEl proyecto Caja de las Letras del Instituto Cervantes pretende ser un almacén de la cultura y de la lengua. En sus cajetines de cámara acorazada de banco ya hay paquetes dejados por Alicía Alonso, Francisco Ayala, Juan Gelman o Antoni Tapies. Cada uno ha decidido cuándo se abrirá su depósito; algunos han informado de su contenido, otros no. Berlanga es de los que no lo han hecho.
En la nota de prensa que narra el acontecimiento destaca el deseo expresado por el cineasta a través de su hijo Jorge, de que se use el adjetivo «berlanguiano» como sinónimo de absurdo. Todo: este deseo, la introducción del legado en el cajetín que se abrirá en 2021 -en el centenario de su nacimiento-, y hasta la misma aparición del director de cine, vencido y enfermo en una silla de ruedas, tiene olor a despedida.
La misma idea de meter un escrito en una caja de seguridad para que se abra dentro de diez, veinte o cincuenta años, y pueda leerse cuando su autor ya no esté en este mundo, parece cosa de pirámides, de aqueología, de eternidad.
Me pregunto qué habría escrito yo si tuviera que dejar un mensaje al futuro. Presuponiendo, además, que no es una carta a la familia que se leerá en la intimidad, sino que la conocerá el mundo entero. ¿Trataría de decir algo inteligente? ¿Interesante? ¿Gracioso? ¿Qué le puede quedar por decir a un escritor como Francisco Ayala? Seguramente, mucho.
La idea del Instituto Cervantes es muy sugerente y da para mucho comentario, pero a mí lo que me llamó hoy la atención fue el deseo de Berlanga, el de los austrohúngaros (aquí Luis Ciges lo explica), de que su apellido quede asociado para siempre al absurdo, que berlanguiano signifique eso mismo y que se use. Yo creo que ya lo veníamos haciendo, aunque ahora lo haremos más, porque tenemos permiso, y porque es su deseo, y porque nos ha regalado cada película…. que lo que él quiera. Faltaría más.
(Pie de foto: Carmen Caffarel, directora del Instituto Cervantes, ayuda a Berlanga a introducir su legado en el cajetín nº 1.034 de la Caja de las Letras. La foto es de Sonia Pérez Marco, Instituto Cervantes)

2 Comentarios

  1. Cuinpar
    | Responder

    Ay, yo no puedo evitar que estas cosas me den mal rollo. Eso de los mensajes al futuro, el simple concepto de durar eternamente (aunque lo que dura no eres tú, sino tu obra, que no es lo mismo, pero es igual). Por muy romántica que sea la propuesta, yo no dejo de verle el lado tétrico al asunto. Es como los documentales-entrevistas esos que graba no sé quién para que se emitan después de muerto el entrevistado (el último que vi fue el de Juanito Valderrama). Me imagino la cara del pobre, cuando le proponen hacer la entrevista, supongo que se sentirá más muerto que vivo, o que ya le está debiendo años al cementerio…
    En fin, que me fui del tema de tu post, pero no puedo evitarlo, yo tengo eso 😉 Me voy a tomar un alapryl…
    Un abrazo,

  2. Ángeles Arencibia
    | Responder

    Hola Cuinpar: El tema de la muerte da para mucho. A la mayoría nos da yuyu, como a tí. El otro día el dóctor Marcos Gómez Sancho hablaba de este tema en una entrevista que le hizo la periodista Odra Rodríguez. Él sostiene que evitar el duelo o hacer como que no existe la muerte, nos enferma.

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