Carne de cañón

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El periodismo de barrio es una de esas subespecialidades que suele caerle al que empieza. Que si ha llamado una vecina que dice que tiene la escalera llena de basura, que si hay una viuda que no cobra la pensión, que si en las chabolas del Confital hay una familia que …
Lo de periodismo de barrio no es una definición académica; es más bien de andar por casa, de andar por el barrio. Está mal considerado frente a otras secciones periodísticas con mayor estatus y prestigio, pero, si se hace bien, es muy demandada y permite al lector reconocerse en sus vecinos. Se trata de un modelo de periodismo absolutamente local, -más, imposible-, porque acabas tomando café en la salita de estar de cualquier hijo de vecino.gal2762-3.jpg
Entras en una casa donde te reciben con recelo y sales dando besos a diestro y siniestro. En mis andanzas en este tipo de periodismo local localísimo he tenido la suerte de conocer a gente variopinta y a menudo muy interesante. Gente de esa que jamás ganará un premio literario ni pondrá a sus hijos en clases de tenis, gente cotidiana y a veces extravagante.
Estuve una vez en una chabola -en un asentamiento ya desaparecido-. donde un travestido que se prostituía porque era heroinómano convivía con su madre que era una anciana, y con una sobrina, una niña que iba al colegio de uniforme y que si te la encontrabas en cualquier otro sitio parecía como las demás. Es posible que haya hablado ya de ella en otro post, porque la escena se me quedó grabada. Aún me llega el olor insoportable de aquella chabola inmunda y la sensación de impotencia que dejé al marcharme, junto a la niña vestida de uniforme.
He conocido otros hogares extraños en barrios decadentes, lugares que parecían reunir todos los males: paro, fracaso escolar, drogas… Son barrios como el perro flaco del refrán; están llenos de pulgas.
Son zonas tan inhóspitas que las familias que no tienen a nadie metido en algún asunto turbio son poco menos que heróicas, gente con mucha voluntad de superación que sale adelante a pulso. Si naces en un barrio de estos, en un hogar de los que no salen adelante, lo tienes todo en contra. Convives con la delincuencia y esa es tu referencia.
Pero eso, a la mayoría, no nos importa. Vivimos en nuestra concha y nos creemos a salvo. Que la policía nos proteja, que los mantenga apartados. Hasta que un día el círculo de protección falla y muere un chico estupendo.
Los presuntos culpables tienen nombre y apellidos y están en prisión. Pero ¿cuántos más hay ya listos para salir a dar patadas, ¿cuántos más se están gestando?
(Pie de foto: Uno de los detenidos por la muerte de Iván Robaina. Autor J. Pérez Curbelo. )

  1. Elisa
    | Responder

    Muchos Ángeles, me temo que muchos…
    Hasta las teclas las he notado como más duras escribiendo este mensaje, me siento así…como asqueada
    Un saludo.

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