Quien fue a Sevilla, perdió su silla

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Como muchas otras personas, soy de las que piensan que el lugar de nacimiento o la raza no nos hacen a unos mejores que a otros, y que el hecho de que yo no lleve burka o no viaje en patera no son méritos míos, sino casualidades. Hay tantas cosas que te vienen dadas con la familia en que naces, que sería de género tonto sentirse mejor que otros por asuntos en los que no has intervenido. No decidimos nacer en un país democrático, si fuera posible hacer tal cosa, Zimbabue estaría vacío.
Siempre he pensado que el derecho a la búsqueda de la felicidad, proclamado en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, fue un extraordinario hallazgo de los fundadores de ese país. Todos tenemos ese derecho, incluso los que viajan en patera y las mujeres que viven tras un burka. También los descendientes de emigrantes y exiliados españoles que pueden ahora, con la ley de nietos, obtener la nacionalidad española para intentar un futuro mejor.
Mi madre bromeaba con la idea de recibir una herencia de un tío de América que no tenía. Es un sueño recurrente que viene de la leyenda del indiano enriquecido después de hacer las Américas. Para los nietos de los emigrantes y exiliados, la posibilidad de obtener la nacionalidad española.- que no sólo les abre la puerta de España, ¡es Europa tío!-, equivale a la herencia del tío en América, sólo que el tío resultó ser el abuelo.

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www.canarias7.es Éste último suscitó un buen número de comentarios de lectores, lo cual es de agradecer. Hubo de todo, pero me llamó la atención el alto porcentaje que contestó de manera airada. Reaccionaron como si los nietos de las personas que habían emigrado de Canarias hace cincuenta o setenta años fueran a venir ahora, todos en tropel, para meterse en sus casas, comerse su comida y quitarle la vez en la cola de la charcutería. En lugar del derecho a la búsqueda de la felicidad, lo que trasluce en estos comentarios es el más pedestre ‘quien fue a Sevilla, perdió su silla’. Y así nos va.

2 Comentarios

  1. Sergio N.
    | Responder

    Lo que me aterroriza es que hayamos perdido las formas. En ese artículo se ofrece una opinión, y se acepta el debate. Pero no hay tal. Hay gritos, imposiciones, grosería… Y en otros artículos, y en la calle, en casa, en todos lados. Hemos perdido la compostura, la cortesía. A mí me puede parecer lo contrario que a tí, en este u otro tema (y me lo ha parecido a veces). Hace tiempo, eso nos habría enriquecido, ahora muchos entienden que nos empobrece. Así nos va, sí…
    Saludos.

  2. Marina
    | Responder

    Hola,
    Hoy descubri este interesante blog. Opino igual que tu, no es un merito nacer en un pais, es pura casualidad, y el hecho de sentirse mejor que uno que viene en un cayuco es cuanto menos digno de una persona ignorante.
    Saludos y ojala`que la humanidad reaccione a tiempo.

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