El PSOE y las varas de medir

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Tener una palabra en la punta de la lengua y no llegar a recordarla es una sensación desagradable, aunque hay que reconocer que hay otras muchas cosas peores en la vida.
Todo dependen de con quién o con qué se compare uno. Según el punto de vista un día eres la reina de la copla y al día siguientes te sientes la más miserable mujer sobre la tierra.
Hace mucho que no escribo en este blog y como la realidad avanza a una velocidad endemoniada, los temas me han ido adelantado como hacen los pilotos de la fórmula uno con los contrarios.
Así me adelantó por la izquierda el espinoso asunto del exsenador Curbelo, hoy sólo presidente del Cabildo gomero.
Me niego a olvidar el caso sólo porque desde entonces las noticias se hayan seguido acumulando como estratos geológicos o pisos de una tarta de galletas y natillas.
Levanto el doble atentado de Oslo, aparto la fecha de las elecciones generales, empujo un poco la ola de calor y poco más abajo está el affaire Curbelo.
Recuerdo que poco después de que estallara el escándalo tuve la oportunidad de intercambiar impresiones con un par de mujeres muy significativas en este contexto. Ambas maduras -más que yo- y profesionales de cierta relevancia en sus respectivos campos. Una, feminista y la otra, socialista.
Ambas me mostraron su sonrojo y estupor por la forma en que se dio carpetazo al asunto. ¿Qué ocurrió? A grandes rasgos, que un senador y presidente de un cabildo insular protagonizó un escándalo que nos retrotrae a la España más casposa.
Idependientemente de que todo el mundo tiene derecho a la presunción de inocencia, incluido este señor, lo cierto es que su partido exigió y obtuvo su dimisión en el Senado. Elena Valenciano llegó a decir que su comportamiento avergonzaba al partido.
Sin embargo, al partido socialista no le pareció mal que siguiera al frente del Cabildo gomero. Y para más inri poco después se celebró un pleno en el que esta corporación acordaba pagarle un suelo porque hasta entonces Curbelo vivía del salario del Senado.
El PSOE y el propio Curbelo sólo han tenido que esperar a que sucesivos acontecimientos taparan el escándalo. Pero el escándalo está ahí debajo de la pila de titulares de prensa y el presidente del Cabildo de La Gomera es un señor al que su propio partido le pidió que abandonara el Senado porque le daba «verguenza» algo que él había hecho o presuntamente había hecho.
Es más, al Senado le quedaban dos afeitadas como se ha visto con el adelanto de las elecciones y en el Cabildo el mandato practicamente acaba de empezar. Es decir, los socialistas no han perdido nada. Sólo un poco más de nuestro respeto.

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