Distancias personales

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Por una serie de circunstancias que no vienen al caso, decidieron casarse en la Península, en la ciudad natal de él, aunque los dos vivían en Las Palmas de Gran Canaria. La boda se les fue un poco de las manos, pero eso no es lo que importa ahora.


Desde Canarias, una caravana de amigos y familiares se dispuso a viajar a la Península. La mayoría fue en avión, directa o indirectamente, pero hubo uno que aprovecho la boda para darse el gusto de coger unos cuantos trenes.
Este hombre, buen amigo de la pareja, llamó días antes de la fecha fijada para el casorio a la casa de los padres de él, los peninsulares. Le atendió al teléfono uno de los hermanos del novio que luego, a la hora de la comida, relató divertido la conversación con el canario. «Ha llamado un amigo vuestro para preguntarnos cual es la mejor ruta para venir aquí ¡en el mayor número de trenes posible!».
tren.jpgEl amigo canario cogió un avión a Sevilla y desde allí empezó a serpentear hasta llegar a la ciudad del norte donde se iba a celebrar la boda. Lo que a él le interesaba era el viaje en sí, saborear la distancia.
Entonces no había AVE y, aunque hacía mucho que no quemaban carbón, aún traqueteaban de manera inmisericorde y olían a rancio. Al menos los que él eligió. Se preocupó muy mucho de optar por los más lentos, los que hacían más paradas. Los más incómodos también, porque para él un viaje en tren debía parecerse a lo que había leído en los libros. El avión no era viaje; era teletransporte.
Iba más feliz que ricardito sentado en aquellos compartimentos estrechos, de sillones duros y olor a humanidad. Para la mayoría eran rutas infernales, pero él iba contento, sonriente, descubriendo lo que hasta ese día sólo conocía de oídas y de leídas.
El capricho del tren requirió una explicación en la casa de la familia del novio. «Es que para los canarios un viaje largo son 50 kilómetros», explicaba la novia, tratando de disculpar la extravagancia. Y así quedó. «Estos canarios, qué graciosos…»
Me acordé de esta anécdota el otro día hablando con una amiga. Me contaba sus planes para el verano. Ella y su familia habían decidido darse un voleo por varios países del este europeo. En coche, por supuesto. Otra vez el placer de las largas distancias, la libertad de elegir dónde parar y hacia dónde ir.
Los canarios, por isleños, tenemos una visión distinta de la distancia. Para un continental un viaje largo puede ser un recorrido de 500 kilómetros; para nosotros 50 ya son muchos y cien, un disparate. La distancia, como algunas otras cosas de la vida, es también una cuestión relativa.
Y no digamos las distancias personales, las que nos unen o nos separan del que tenemos al lado. Hay veces que estamos tan cerca que nos rozamos, pero, en realidad, estamos muy lejos, tanto como de aquí a la Luna.
(Alviman/ Morguefile)
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6 Comentarios

  1. Cuinpar
    | Responder

    Nada de distancias personales. Yo prefiero hablar de cercanías, aunque uno esté en La Aldea y el otro en la China Popular. Que me levanté optimista, hoy, caramba 🙂

  2. gabrielito
    | Responder

    Que bonita historia y que bien contada. Totalmente de acuerdo contigo en lo de la relatividad de las distancias (últimamente suelo estarlo en ló que té leo….). Soy un poco culo inquieto y no suelo estar mucho tiempo en el mismo sitio pero mis amigos de verdad siempre están cerca, muy cerca, dentro de mi corazón. Pueden pasar años sin vernos y con una simple mirada recordar todas nuestras vivencias, aventuras, canciones… La distancia más larga se cubre con tan sólo un pensamiento….

  3. Ángeles Arencibia
    | Responder

    Cuinpar: Viva el optimismo

  4. Ángeles Arencibia
    | Responder

    Gabrielito, qué bonito.

  5. antonieta patateta
    | Responder

    NO sé porqué pero nunca me he creido la palabra «distancia», quizás por la canción de Alberto Cortés, quizás porque nunca me he sentido lejos. Creo que la distancia se escancia como si de un buen vino se tratara, se bebe a sorbitos para que no se acabe y al contrario del buen vino cuanto más tiempo, menos distancia, menos lejanía y más cercanía a lo importante, a la amistad. La distancia es un gran procurador de sinceridad, los mejores escritos han sido siempre las cartas en la distancia. La distancia es una inspiración, un generador de sentimientos y se mantiene por la esperanza de que algún dejará de serlo, algún día no será una «des estancia» sino una «estancia» y nos juntará a todos los que nos queremos.

  6. Ángeles Arencibia
    | Responder

    Antonieta: Qué inspirada.

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