Aguas molestas

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(Advierto que lo que sigue es un poco guarrillo)
Una amiga mía tiene un problema de difícil solución. En su portal la gente se mea. Así de claro, para qué vamos a andarnos con circunloquios. Para su desgracia, cada dos por tres se encuentra con un charco dentro del zaguán y no es de agua de lluvia, precisamente.


La puerta del zaguán está un poco metida en la fachada, lo que da lugar a una suerte de refugio que debe ser muy confortable para algunos varones -no iba a ser siempre el mismo-, que pasan por su puerta a altas horas y, por los indicios evidentes, acuciados por una fuerte presión en la vejiga urinaria que no natatoria.
Cuando sucedió la primera vez, no agradó a nadie, eso es cierto, pero tampoco ningún vecino pensó que las aguas fueran a ir a mayores. (Bueno, es cierto que una vez, sólo una, hubo aguas mayores en la calzada justo delante de la puerta, pero no pasó de ser una hecho anécdótico; oloroso, pero puntual).
Con el paso del tiempo mi amiga y sus vecinos han ido comprobando que la costumbre de desaguar en su puerta, lejos de desaparecer, se va afianzando. El líquido se cuela por debajo de la madera y entra en el zaguán del edificio. «Imagina qué asco, encontrarme semejante papeleta cuando salgo por la mañana para llevar a los niños al colegio», me cuenta mi amiga, muy desalentada.
DSC01027_a.JPGEl problema de los vertidos forma parte desde hace tiempo del capítulo de ruegos y preguntas de las reuniones de la comunidad. Entre todos han tratado de cavilar qué hacer para poner coto a la costumbre. Ha habido variedad de opiniones, pero hasta ahora siempre se ha llegado a la misma conclusión: poco se puede hacer.
«Pegamos la puerta a la fachada y se quedan sin hueco», dijo un vecino en una ocasión. «Uy, para hacer eso necesitas un montón de permisos, además esta casa está protegida ..», le desalentó el del segundo A. «Y si les damos corriente para que le suba por el chorrito», apuntó el del quinto. «¿Qué quieres? Que nos denuncien… no seas burro», le recriminó la del séptimo.
Hasta ahora las reuniones han acabado todas igual. Se pasa a otro tema. Ni es posible poner vigilancia en la puerta durante toda la noche, todas las noches del año; ni nadie ha sido capaz de aportar otro tipo de soluciones autónomas -una sirena que se ponga a ulular con la humedad despertaría a todos-, que no sea peor que aguantar la meada y pasar la fregona.
El problema de mi amiga es como el que sufre a los clientes del bar de abajo, que salen mucho después de la media noche, todas las noches, dando voces; el que tiene siempre que hacer más maniobra en el garaje porque otro no respeta los límites de su plaza, o el que contempla desde la más absoluta indefensión cómo su fachada se llena de pintadas.
Son problemas pequeños, pero como el tormento de la gota china, poquito a poquito te van pudiendo. Y la solución es sencilla: basta con ponerse en el lugar de los demás. De vez en cuando no es mala idea.
(Foto: Mantasmagorical /Morguefile)

3 Comentarios

  1. Jose Frechín
    | Responder

    Según explican los guías histórico-turísticos de mi pueblo, San Cristóbal de La Laguna, en los siglos XVII y XVIII los señores de grandes casas debían ceder la entrada de sus residencias para que la plebe pudiera orinar. De hecho acondicionaban unos pequeños urinarios, (todavía se conservan algunos, aunque no están operativos).
    El caso es que uno de estos señores, cansado del mal olor, se le ocurrió la idea de esculpir al lado de estos urinarios unas imágenes de cristo. Y problema resuelto, cualquiera que entraba se cortaba y se iba a otro sitio.
    Mi sugerencia es la misma, aunque actualizada. Creo que con poner un cartel diciendo que hay un equipo de vigilancia y que se están grabando imágenes en circuito cerrado será suficiente, incluso no hace falta realmente poner las cámaras.

  2. Ángeles Arencibia
    | Responder

    José Frenchín: ¡Qué buena idea y qué buena anécdota! Se lo diré a mi amiga. Si es que internet es utilísima …

  3. Esther
    | Responder

    Hace tiempo, las casas se hacían con un pequeño reborde en las paredes que servía para que se rascaran las cabras y ovejas cuando pasaban (ver documento gráfico). Ese detalle arquitectónico se dejó de hacer por motivos obvios. Pero igual deberían volver a ponerlo, pero con tela asfáltica o impermeable, para que los que no se cortan en miccionar en casa ajena 😉

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