¿Lo recuerdas?

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He pensado escribir sobre una de las víctimas del monstruo de Amstetten. Leo en elmundo.es :»El hermano de Kerstin –un chico de 18 años que nunca había visto la luz del día antes de su liberación– confiesa: ‘Amo el sol, el aire fresco y la naturaleza. (…) Disfruto de la libertad y de estar con mi familia'».


Cierro los ojos y trato de imaginar que yo tampoco he visto jamás la luz del sol y que tampoco he sentido nunca el aire fresco en mi cara, pero me resulta imposible.
Ese tipo de sensaciones forman parte de mí; son parte de lo que soy. Los recuerdos son también de sensaciones, y una sensación puede también ser parte de un recuerdo. Es como la canción de aquel verano que nos devuelve a aquel momento cada vez que la volvemos a oír. Regresamos a los hechos, pero también a los olores y a los sabores: el calor del sol, aquella caña de cerveza helada que tomamos con camarones. Aquella pandilla de amigos
Los chicos de Amstetten carecen de recuerdos sobre un montón de cosas y nosotros somos, en buena medida, recuerdos de lo que nos pasó, de lo que nos contaron, de lo que leímos. Por eso es tan dramática la enfermedad de Alzheimer. Por eso, estos chicos están tan a medio hacer, tan mutilados.
memoryofour.JPGA veces cuando he sufrido la pérdida de una persona cercana, me he planteado que no solo ha muerto su cuerpo, sino que con ella se van todos sus recuerdos, su época y, a su vez, el recuerdo que ella tenía de otras personas que habían muerto antes y que se mantenían vivos sólo en su memoria.
Es difícil imaginar cómo se pueden pasar 18 años, que es la edad del muchacho que se alegra de sentir el sol por primera vez, sin salir de un habitáculo de 60 metros cuadrados. Toda la vida en 60 metros cuadrados. ¿Qué tipo de recuerdos puede uno almacenar en 60 metros cuadrados? Imagino que dentro de unos años, cuando ya nadie hable de esta historia, alguien le hará una entrevista o él mismo escribirá un libro y contará cómo fue su encierro, el recuerdo de su encierro.
Mientras, yo disfruto con mis recuerdos: Aquel día de reyes, aquella amiga del cole, la idea que tiene mi hija de 8 años de lo que es la universidad -«mamá mis amigas y yo hemos pensado que cuando vayamos a correr la carrera ..»- , aquella tremenda metedura de pata que todavía me sonroja.
Hoy he sabido que ha muerto un hombre al que conocí cuando ambos éramos adolescentes. Durante un tiempo formamos parte del mismo grupo de amigos. Teníamos quince o dieciséis años y pensábamos que éramos muy mayores. Tenía solo un año más que yo y ahora es un recuerdo. Y los recuerdos que él tenía, ¿a dónde se fueron?
(Foto: Taliesin / Morguefile. Placa en memoria de los alumnos de la Universidad John Brown, que murieron en la II Guerra Mundial y en la de Corea)

3 Comentarios

  1. antonieta patateta
    | Responder

    Muy duro pensar cómo perdemos personas y sus recuerdos. Debería ser una necesidad de la naturaleza, al igual que dormir, almacenar los recuerdos de alguna forma. Así podríamos sentir lo que sintieron nuestros seres queridos y hacer que sientan otros lo que nosostros sentimos.
    Mucho jugo hay para sacarle a este artículo tuyo sobre la extinción de los recuerdos.

  2. Ángeles Arencibia
    | Responder

    Te prometo que es una casualidad: mira lo que acabo de leer en elpaís.es :»El Archivo de la Experiencia recoge la historia oral de miles de españoles»

  3. EliaF.Granados
    | Responder

    LA verdad es que el artículo me ha hecho pensar en esos olores y esas sensaciones. Lo cierto es que en mi caso, y creo que en el de casi todo el mundo, los primeros recuerdos que tengo son borrosos en cuanto a las anécdotas pero muy fuertes y nítidas las sensaciones. Las anéctodas no se recuerdan de la misma manera, se borran y se distorsionan por las versiones que vamos haciendo de ellas, pero las sensaciones perduran de una forma más profunda y cuando vuelves a encontrarte con ellas revives en cierto modo lo que pasó hace mucho tiempo. Supongo que estos niños tendrán la suerte de que el sistema de autodefensa del cerebro, que borra de la memoria los recuerdos traumáticos, funcione. Porque sino no imagino cómo se puede afrontar la vida después de lo que han pasado.

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