El torpedo de Cospedal

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Desde un tiempo a esta parte, en la España de la crisis, cada vez es más habitual encontrar personas dispuestas a desacreditar a toda la clase política, sin matices, sin excepciones: «Son todos iguales», se oye. «Que se rebajen los sueldos, que recorten cargos, menos alcaldes, menos asesores, que eliminen las dietas … » , afirman a poco que se les dé pie.
También circulan por la red supuestos informes que comparan el número de cargos políticos entre España y otros países de su entorno. Parece que todo lo que se cuelga en la web va a misa y no es así, desde luego.
Las diferencias en estos supuestos recuentos de cargos son astronómicas, estratosféricas a favor de España, curiosamente vienen que ni pintados para apoyar la idea de que la política es algo pernicioso.
Y ni la política es mala -aunque haya muchos malandrines en ella-, sino, más bien, todo lo contrario, y tampoco sobra, que bien falta que nos hace la buena política.
De forma casual me encontré el otro día con un antiguo cargo público, retirado desde hace mucho de la escena política.
No daré pistas sobre su identidad porque no le pedí permiso para hablar aquí de nuestro encuentro, pero sí puedo decir que me contó algunos chanchullos del pasado que ahora, vistos con perspectivas, me llevan a dos conclusiones: una, cómo se pasaron los zutanos de los que me habló y dos, que hay gente honrada que se dedica a la política como él mismo demostró en su momento.
El problema, lo he visto bastantes veces, es que los honrados se cansan porque hay mucho de lo otro: arribistas que se cuelan en los partidos y en las listas para medrar. Estos hacen mucho daño, no sólo por lo que roban o dilapidan, sino también porque dan la razón a los que dicen que la política es basura.
Si la política es basura, renunciemos a votar, que gobiernen otros -como dijo Unamuno de los inventos-, que decidan por nosotros. ¡Uuuy qué peligro! ¿Volvemos a la Europa de entreguerras, la de los fascismos?
Si no queremos políticos que administren la cosa pública, qué queremos: ¿Un Parlamento como el de Cospedal tal vez?
Leo en El País las consecuencias de que la presidenta de Castilla-La Mancha haya quitado el sueldo a la mayoría de los parlamentarios regionales. Los diputados han tenido que reincorporarse a sus puestos de trabajo y ahora hacen política restándole horas al sueño. ¿Cómo van a hacer su trabajo? Se supone que unos hacen leyes y los otros fiscalizan al Gobierno, ¿Tendrán tiempo en los ratos libres? ¿Volveremos a la época en la que el alcalde era el rico del pueblo?
Buen torpedo el de Cospedal, en toda la línea de flotación. Y tan orgullosa.

2 Comentarios

  1. UNo
    | Responder

    Bueno, yo creo que lo de Cospedal viene motivado por la crisis que sufrimos y los duros ajustes que vienen padeciendo muchos españoles que ven reducida sus jornadas de trabajo y sus salarios o que deben afrontar el despido. ¿Por qué iban a quedar exentos de estas medidas los diputados? ¿Deberán esforzarse más para hacer su trabajo? ¡Pues claro!, exactamente igual que les ocurre al resto de los trabajadores españoles afectados por alguna de las medidas de las que hablamos.
    Coincido en que no todos los políticos son iguales, pero hay algo evidente. Mientras que para optar al puesto más humilde de cualquier administración pública se exigen conocimientos, aunque sea mínimos, de la Constitución y de otras leyes y para hacerlo en una empresa privada se demanda titulación académica o experiencia, para ser diputado basta con tener 18 años y resultar elegido por haberse presentado a unas listas, sin que sea necesario acreditar ningún tipo de formación o conocimiento y este hecho concreto, en mi opinión, ha favorecido la basurización de la política.
    Saludos

  2. Estimado UNo, la esencia de la democracia es que todos somos iguales. Derecho al sufragio pasivo y activo. Necesitamos que nuestros representantes tengan tiempo y medios para poder representarnos lo mejor posible. Yo creo que una solución posible para eliminar a los caraduras puede venir por la vía de las listas abiertas. En cada convocatoria electoral tengo que hacer de tripas corazón cuando doy mi voto, porque a menudo en la lista me viene incorporado algún nombre al que nunca habría dado mi apoyo. Y otro problema son los cargos de confianza, que una forma muy utilizada por los partidos para pagar favores y ponen, es un suponer, a un peluquero de asesor de pesca. Un saludo.

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