Embarazos para jugar

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En un instituto de EEUU, 17 adolescentes se han puesto de acuerdo para quedarse embarazadas y criar juntas a sus bebés. Según la información de la agencia efe que, a su vez, cita a la revista Time, en el instituto donde sucedieron los hechos la media de embarazos entre las alumnas es de cuatro al año.


bebe.jpgNo dice cuántas alumnas estudian en el centro, por lo que es no es posible sacar un porcentaje que nos ayude a hacernos una idea más aproximada de la realidad. La agencia agrega, para completar el cuadro, que el padre de uno de los bebés concebidos por las adolescentes conjuradas es un «sin techo» de 24 años, que, digo yo, pasaba por allí.
La maternidad temprana o tempranísima está asociada a situaciones de profundo atraso para la mujer. En la sociedades donde su único papel es ser esposa y madre, puede empezar a concebir nada más abandonar la infancia. A medida que la mujer ha ido ampliando sus horizontes laborales y de otro tipo, ha ido posponiendo el momento de procrear.
Yo a la edad de las adolescentes norteamericanas quedaba con mis amigas para ir al cine o a una fiesta, pero no recuerdo que a ninguna se le ocurriera proponer que nos quedáramos embarazadas todas a la vez. Ni siquiera en tiempos diferentes, que la eventualidad de ser madre sin querer ha sido siempre un asunto de cuidado para la mayoría de las mujeres.
Recuerdo que una compañera del colegio -y esto es rigurosamente cierto- estaba convencida de que podía quedarse embarazada por hacer el espagar. Como si los espermatozoides anduvieran sueltos por ahí a su aire.
En aquella primera adolescencia, nuestras fuentes de información eran escasísimas, pero aún así teníamos claro que no queríamos tener hijos antes de tiempo. Primero queríamos estudiar una carrera y sobre todo divertirnos, descubrir la vida. Alguna se quedó embarazada a deshora, pero apenas fueron una o dos de mi círculo de amigas y conocidas que era muy amplio entonces.
La absurda decisión de las adolescentes norteamericanas me ha hecho recordar una escena que viví en el Hospital Universitario Materno Infantil de Canarias, el Materno para entendernos. Fue en febrero de 1997. Lo sé bien porque acaba de nacer mi hija mayor y al día siguiente de fecha tan señalada acudí a la clase que una matrona daba a las nuevas madres sobre los cuidados del bebé.
Pronto me fijé en un curioso trío. Estaba formado por una pareja de adolescentes y la madre de ella. Estaba claro que quien acaba de tener el bebé era la adolescente porque iba en bata y que su madre estaba allí para tomar nota ante la falta de seso de la pareja que se pasó toda la clase haciendose carantoñas. Cuando acabó la clase, la abuela fue a preguntar algo a la matrona, los otros dos siguieron a su rollo.
(La foto se titula El baño de Jess y es de Mindgrind/Morguefile. Atención a la hojita de parra)
Y esto es un espagar, por si no habías caido:

9 Comentarios

  1. antonieta patateta
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    Hace no mucho salió en El Pais algo parecido sobre las estudiantes universitarias en Islandia, curioso.

  2. ovidiov
    | Responder

    Desde mi posición como farmacéutico, te puedo decir, que la falta de información de los jóvenes sigue siendo muy importante, siendo algo que me cuesta mucho entender a día de hoy, ya que quien quiera puede acceder a esa información…No obstante, hace poco se publicaba un estudio del mal uso que se hace de los anticonceptivos orales…y aún así la gente no tomaba precauciones extras a la hora de mantener relaciones…

  3. VEGA
    | Responder

    La noticia me puso los pelos de punta, aunque no es la primera vez que oigo algo así: hace unos ocho años me comentó una compañera de trabajo que su hija le había confesado que varias de sus compañeras de instituto, niñas de dieciséis años, planeaban quedarse embarazadas para poder abandonar los estudios y ponerse a trabajar, que es lo que en realidad querían hacer todas ellas.
    De paso «amarraban» a sus novios,ignorantes del asunto, que no se atreverían a abandonarlas en tal situación…
    Mi compañera advirtió enseguida al director del centro y yo desconozco el final de la historia.
    Ángeles, es verdad que las niñas que fuimos teníamos poquísima información, pero afortunadamente éramos concientes de nuestra niñez; el embarazo por entonces era cosa de adultos, y si alguna chica de nuestro entorno se quedaba embarazada primero nos escandalizábamos y luego sentíamos una profunda pena/compasión por ella… como si se acabara su vida, porque para muchas de nosotras, (muchísimas) perderse el instituto o la universidad era una tragedia que no le desearíamos ni a nuestra peor enemiga. Por eso, ahora leemos estas noticias y nos cuesta tanto entender

  4. Cuinpar
    | Responder

    Y, lo de Islandia responde más bien a motivos culturales que a arranques de este tipo, creo. De todas formas, estas por lo menos quedan para embarazarse, no como los japoneses, que quedan para suicidarse…

  5. Ángeles Arencibia
    | Responder

    Vega: Me llama más la atención la historia esa que cuentas de un instituto ¿canario? que la de las adolescentes de EEUU. ¿Será la globalización? El problema es que tener un hijo a esa edad es una metedura de pata que tiene más víctimas. También me han contado que en determinados barrios de Gran Canaria quedarse embarazada de jovencita es una especie de hazaña. Qué pena, ¿no?

  6. Ángeles Arencibia
    | Responder

    Ovidiov: Sacas otra perspectiva del tema: no es que quiera quedarse embarazada, sino que es una inconsciente y no pone los medios adecuados. Falta información y educación.

  7. Ángeles Arencibia
    | Responder

    Cuinpar: Pue sí, menos mal que no quedaron para hacerse el «hara kiri». ¿Se escribe así?

  8. VEGA
    | Responder

    Si, Angeles, te hablo de un instituto de la capital, de uno de esos determinados barrios donde un embarazo precoz es una hazaña, porque deben pensar que al convertirse en madres dejan de ser hijas, y así «escapan» de lo que no les gusta: estudiar, vivir con sus padres, seguir unas normas, en definitiva, ser niñas, que es lo que no mola… y convertirse en adultas de pleno derecho. Eso sí, el bebé tendrá una abuela joven (eso sí que es envidiable) y entregada a la causa

  9. Ángeles Arencibia
    | Responder

    Vega: La pescadilla que se muerde la cola. En una ocasión hice un reportaje sobre la abuela más joven de Canarias, o casi. Tenía unos treinta y tantos y ya tenía un nieto. Ella tuvo a su hija de adolescente, y su hija había repetido la historia. No sé qué hará la nieta. Dentro de poco le toca decidir.

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