Soy una sentimental

No lo puedo remediar. En esas ocasiones en las que otros dicen qué bonito, yo digo qué extraordinario y cuando ellos lo ven extraordinario, yo ya tengo los ojos húmedos. Me pasó algo parecido este viernes, en la boda de una querida amiga de la infancia.


Fue una boda civil y confieso que nunca me han resultado emotivos los artículos del Código, pero el viernes aquel concejal consiguió emocionarme. No le costó mucho, yo estaba realmente predispuesta.
En las páginas de las revistas dedicadas a eventos sociales son frecuentes las noticias sobre reencuentros de viejos compañeros de colegio (este sábado precisamente en la revista C7 sale una promoción de las Dominicas y en la fotografía reconozco a alguna de mis viejas profesoras). Nos gusta volver a ver a personas que fueron importantes en nuestro pasado por el cariño que nos tuvimos -o nos tenemos-, y creo que también porque se produce un reencuentro con nosotros mismos, con la persona que fuimos.
Hace algunos años, en el 99 o 98, yo tuve también mi propia reunión de antiguas alumnas. Hacía 20 años que la mayoría no nos habíamos visto así que imagina los nervios. En esa fecha ya andábamos por los 34, pero durante un buen rato volvimos a ser niñas de 14.
Y traigo estos episodios escolares a colación porque la boda del viernes tuvo mucho de reunión de antiguos alumnos. Mi relación con la novia viene de lejos. Cuando nos conocimos yo debía estar en tercero o cuarto de EGB (la primaria de entonces) y ella en primero o segundo. Luego su amistad eterna con una de mis hermanas, propició que se convirtiera en alguien de la familia.
Tiene mucho que ver en esta relación nuestra condición de vecinas. Las dos familias, la suya y la mía, viven en el mismo edificio donde aún siguen nuestros padres. Se trata de un edificio singular en su momento por las amplias zonas comunes con que cuenta, algo habitual ahora pero novedoso en aquella época en mi ciudad.
Durante toda nuestra infancia bajamos a jugar al patio del edificio y en verano trasladábamos el epicentro de la activida infantil a la pequeña piscina. La mayoría de las familias de entonces tenían una media de cuatro hijos, por lo que el pandillón era considerable.
Todos crecimos como es natural y algunos nos perdimos la pista. Hubo alguna familia que se trasladó a la Península y con la que yo por lo menos corté el contacto de manera radical. A otros los he seguido viendo, pero no con la misma intensidad de aquella infancia que recuerdo con nostalgia.
Mi amiga es una mujer estupenda y por si me cabía alguna duda, bastó ver a la gente que consiguió reunir para su boda. Muchos tuvieron que coger un avión para poder asistir a la ceremonia. Y hubo una que tuvo que tomar dos. Esta misma me decía al final de la fiesta que se alegraba mucho de haberse decidido a asistir, a pesar del palizón. Para mí, el felicísimo acontecimiento tuvo también carácter de reunión de antiguos alumnos, porque yo, en realidad, soy una sentimental.
(La cabecera de una de las series que veíamos cuando subíamos del patio.)

(P.D: Si este artículo lo leyera una de las integrantes de aquella pandilla a la que nunca más volvía a ver y que, según supe el viernes, vive ahora en China con su numerosa familia, le daría un abrazo virtual)

5 Comentarios

  1. Enrique Bayano
    | Responder

    Pongamos que yo estuve allí, que fui como un “paracaidista” caído del cielo en una reunión de amigos y familiares de los novios en la que únicamente se conocía a la novia y a la amiga “eterna” de ésta.
    Yo, que soy un aficionado a la observación, he podido llegar a comprender que no es casual que casi todas las personas tiernas, entrañables, estupendas,….se saben rodear de otras, que a su vez son la proyección de sus mismos valores y/o que poseen una serie de características que ellas admiran.
    Me encantan las personas que en estos acontecimientos saben utilizar todo su potencial personal para crear y cultivar las relaciones personales, saben comprender los pensamientos y sentimientos de las otras personas para ponerse en su lugar y hacerles sentir bien, que reconocen sus emociones y saben manejarlas….
    Los amigos de mis amigos son mis amigos
    Saludos

  2. Ángeles Arencibia
    | Responder

    Querido paracaidista, seguramente por todo eso estabas tu allí. Un abrazo.

  3. antonieta patateta
    | Responder

    Angelines, ¡has vuelto a emocionarme! tú no escribes sino que pintas de verdad que me chifla leer tus crónicas. UN abrazo de tu eterna admiradora.

  4. lola araña
    | Responder

    Angelines¡¡¡, gracias, me ha gustado mucho.Sabes que han sido muchos años de gratísima y leal amistad y con todos ustedes, disfruté y he disfrutado mucho, mi infancia, adolescencia, juventud, etc… ¡¡ todo¡¡¡.Me has emocionado a mi también. Se lo imprimiré a Carlos, para que lo lea. Una admiradora incondicional. Un abrazo muy fuerte,
    P.D. Estabas guapísima, y además me lo han comentado también, o sea que sigue así, en tu línea…
    Mucho besos.

  5. Ángeles Arencibia
    | Responder

    Lola: Muchas gracias querida.

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